Relación entre Trauma y Apego

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Relación entre Trauma y Apego

A menudo, para aliviar el malestar que ciertas situaciones nos provocan es necesario comprender las razones por las que nos afectan las mismas. Muchas veces, las sensaciones desagradables que experimentamos en el presente, o en momentos pasados, se explican a través de nuestra percepción y entendimiento del mundo, así como de nuestras relaciones con él. Este proceso a menudo se origina mucho antes de que se manifieste. Por esta razón, la infancia se considera una etapa crucial en el desarrollo de una persona, ya que es el momento en que se forma un vínculo esencial, conocido como apego, que influirá en nuestros comportamientos futuros. Reconocer la conexión entre el apego y el trauma nos permite reflexionar sobre nosotros mismos y entender cómo nuestras experiencias impactan en nuestras acciones, emociones y pensamientos en la vida adulta. Pero para lograr comprender la relación entre apego y trauma, primero debemos familiarizarnos con cada uno de ellos por separado. 

Entonces, ¿Qué entendemos por trauma? Pues bien, se refiere a cualquier evento o experiencia que, por su intensidad, duración o el momento en que ocurre, causa un impacto emocional significativo. La forma en que cada persona experimenta el trauma es subjetiva y varía según las experiencias acumuladas. Así, consideramos trauma a cualquier suceso con una carga emocional negativa que ha afectado a una persona en un momento crucial, cuando quizás no contaba con las herramientas necesarias para enfrentarlo. Además, es importante recordar que el trauma no solo incluye lo que ocurrió, sino también lo que faltó en un momento determinado; Es decir, también puede referirse a necesidades no satisfechas por diversas razones, lo cual está estrechamente relacionado con el apego.

¿Y qué es el apego? Es la conexión que se establece desde el nacimiento con nuestras figuras de cuidado, aquellas que resultan fundamentales en nuestras vidas. Sin entrar en explicaciones científicas, lo más importante es que al nacer, nuestro cerebro está en pleno desarrollo y necesita el apego como una necesidad básica para crecer adecuadamente (Bowlby) . Cuando este apego se establece de manera segura, las estructuras se desarrollan correctamente, lo que permite que ese niño evolucione a un adulto con una relación positiva con el mundo. Así, el apego influye tanto en nuestro desarrollo y en cómo enfrentamos la vida como en nuestro autoconocimiento (por ejemplo, ¿Qué ideas tienes sobre ti mismo?).

Ahora bien, ¿Cómo se relacionan el apego y el trauma? Es un poco como el dilema del huevo y la gallina: ¿Qué viene primero, el trauma y los problemas de apego, o un apego inseguro que genera trauma? La respuesta no es sencilla, ya que ambos pueden influirse mutuamente. Es importante tener en cuenta que existen diferentes tipos de apego, dependiendo de si nuestras figuras de cuidado nos brindaron la seguridad y atención necesarias. Así, podemos diferenciar entre un apego seguro, que nos permite tener relaciones saludables y afrontar la vida con recursos adecuados, y un apego inseguro, que puede ser ansioso/ambivalente, evitativo o desorganizado. El apego ansioso/ambivalente o el evitativo puede surgir si nuestros cuidadores no pudieron satisfacer nuestras necesidades, llevándonos a relacionarnos desde la ansiedad o la independencia extrema. Por otro lado, el apego desorganizado se desarrolla en situaciones de negligencia y puede provocar patrones disfuncionales que afectan nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos. Por ende, la primera relación clara que se establece entre ambos términos podríamos reducirla en que el tipo de apego que tenemos puede ser en sí mismo traumático.

¿Y cómo afectan el trauma y el apego en nuestra vida adulta? El apego influye en todos los aspectos de nuestro funcionamiento cerebral. Si hemos crecido en un entorno inseguro, nuestras relaciones se verán afectadas y nuestras herramientas de afrontamiento también. Asimismo, ante un evento traumático, el impacto puede perdurar en el tiempo si no contamos con una base segura que suavice ese malestar. Tener un apego seguro puede ayudar a mitigar el impacto de un trauma externo; en síntesis, si no se recibe el apoyo adecuado tras un evento traumático las consecuencias pueden intensificarse. El trauma puede dar lugar a diversas sintomatologías – como por ejemplo el estrés postraumático- y se caracteriza por producir una ruptura en nuestra vida, afectando nuestra percepción de nosotros mismos y del mundo, logrando así hacernos sentir vulnerables. Sin embargo, siempre hay formas de trabajar en ello.

Entonces, ¿Es posible modificar el apego? ¡Por supuesto! No se trata de buscar culpables; a menudo, los cuidadores intentan hacer su función lo mejor posible pero pueden dejar cabos sueltos o en otros casos, repetir patrones de manera inconsciente. El objetivo no es responsabilizarnos por nuestro malestar o señalar a quienes influyeron en cómo somos, sino encontrar un sentido y una narrativa a nuestra historia. A través de la terapia, podemos comprender y cambiar patrones, pasando de un apego inseguro a uno seguro. No debemos olvidar que el apego es una relación entre dos personas, por lo que es posible reparar un apego inseguro si aprendemos a vincularnos de manera diferente y así poder contar con una base segura, ya sea a través de nuevas relaciones como un vecino, una pareja o incluso un terapeuta. Y lo mismo ocurre con el trauma, podemos trabajar en ello. Un evento emocionalmente impactante, ya sea puntual o prolongado, puede ser reparado desde una base segura y de esta manera permitirnos aliviar el sufrimiento que ha dejado huella en nosotros.

Todo esto puede trabajarse a través de la terapia EMDR.

Creado por : Coral Molpeceres

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